En la montaña, un elemento tradicional en la dieta cuando los primeros fríos se acercan, son las sopas de ajo. La clave de una buena sopa de ajo reside en tres pilares: pan asentado de hogaza de pueblo (con buena miga y corteza firme), un buen pimentón de la Vera y la grasa que le aporta el chile o tocino ibérico, acompañando al aceite de oliva para darle el cuerpo y la sustancia necesarios.