La transformación repentina del entorno constituye la fase más sobrecogedora de un eclipse solar total, por encima de la propia ocultación del astro. En los instantes previos a la totalidad, la temperatura ambiental cae de forma perceptible y la luz disminuye de manera acelerada. El cielo adopta tonalidades índigo que permiten vislumbrar planetas y estrellas en pleno día, mientras el horizonte se convierte en un crepúsculo de 360 grados con colores de amanecer visibles en todas direcciones.