
Nada que objetar, señora Von der Leyen

Este agrarista está de acuerdo en que hay que trabajar en sistemas alimentarios más sostenibles y competitivos, y pienso que la carrera de la competitividad nunca alcanza su meta, porque no la tiene. Abrazamos con entusiasmo el reto de reforzar la posición de los agricultores en la cadena de valor de los alimentos, reto que persigue el Gobierno español desde hace una década, pero que no termina de dar resultados palpables. Compartimos la necesidad de mejorar la financiación al sector, bien sea con ayudas directas o con préstamos, pues sin financiación asequible es imposible invertir en un negocio tan inseguro. Y cómo no, bien vemos que la Comisión trate de unificar normas en el comercio internacional, que supongo no será otra cosa que lo de aplicar las “cláusulas espejo”.
Le compro a la señora Comisaria el discurso de la sostenibilidad, cómo no, porque asumimos nuestro compromiso de ahondar en el bienestar animal, en las prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente, y en esa libertad del consumidor de elegir “dietas sostenibles y equilibradas”. Esto último, lo interpreta el mundo vegano como avanzar en la limitación o prohibición al consumo de carne, pero digo yo que no querrá decir eso. O sí.
Cuando desde Europa vuelven a hablar de crear instrumentos de gestión de riegos ante las muchas catástrofes climáticas, desde España le respondemos que apostamos por nuestro seguro agrario, y que lo único que pedimos, es que se mejoren las coberturas y que los costes sean asumibles. Cuando nos hablan de preservar las tierras agrarias, le respondemos que por eso nos oponemos a que las empresas fotovoltaicas nos las arrebaten como están haciendo en la actualidad. Y cuando mencionan enfoques innovadores de fitomejoramiento, le respondemos que sí, que todos estamos a favor de las nuevas técnicas genéticas, y que muchos estamos también a favor de los organismos modificados genéticamente.
Nada que objetar al apoyo del relevo generacional, aunque discrepemos en cómo conseguirlo, y nada que objetar a que haya más mujeres en el campo, siempre que quieran, en mayor porcentaje que ahora, esta forma de vida. Y nos comprometemos, cómo no, a tratar bien a nuestros trabajadores, lo mejor que podamos, con la única condición de que ellos se comprometan también con nuestras empresas y con el trabajo que le encomendamos.
Por último, abrazamos el enfoque tecnológico, y pobres de nosotros si no lo hiciéramos, pero que nadie pretenda que las remolachas salgan de las impresoras, ni que todo esté digitalizado.
Buen comienzo, señora Comisaria. Nos pone usted deberes para los próximos años. Nuestros deberes son influir para que la próxima reforma contemple todas estas buenas intenciones, y para ello tendremos que convencerles a ustedes, la Comisión, al Parlamento, y a los primeros ministros, incluido Pedro Sánchez. Y esto lo tenemos que hacer desde organizaciones agrarias fuertes, respaldadas, respetadas, independientes, y con dirigentes comprometidos, formados, honrados, trabajadores, que piensen en los demás, y que tengan carácter. Y no lo podremos hacer desde plataformas destructivas dirigidas por el primer espontáneo que se presente.


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