
Fiestas millonarias en La Robla mientras la economía local se desangra
RML
Solo uno de los conciertos contratados alcanza los 35.000 euros, en una localidad donde muchas actividades comunitarias luchan por sobrevivir sin respaldo institucional.
La inversión total en estos eventos festivos se acerca a lo que otros ayuntamientos rurales manejan como presupuesto cultural anual. La diferencia es que, mientras en otros territorios se prioriza el apoyo al emprendimiento local, a las asociaciones o al desarrollo de servicios de interés general, en La Robla se opta por concentrar los recursos públicos en unas pocas noches de espectáculo.
Esta política de gasto ha generado un creciente malestar entre quienes llevan años impulsando iniciativas desde la base, sin subvenciones, sin infraestructuras y con el silencio como única respuesta municipal. Talleres sociales, propuestas culturales, actividades vecinales o proyectos educativos que podrían contribuir al desarrollo real del municipio son sistemáticamente ignorados.
El contraste no solo es económico, también es simbólico. Mientras se asignan decenas de miles de euros a la contratación de artistas de renombre que ni siquiera incluyen a La Robla en sus agendas oficiales, los autónomos locales bajan la persiana y los jóvenes abandonan el pueblo por falta de oportunidades. La inversión en cultura popular y accesible ha sido sustituida por el espectáculo fugaz, que ni deja riqueza en el entorno ni construye comunidad.
El modelo de gestión que prioriza el gasto puntual y vistoso sobre la planificación a largo plazo recuerda más a fórmulas de entretenimiento populista que a una administración responsable. La ausencia de criterios claros, de diálogo con la ciudadanía y de un plan de desarrollo sostenido plantea una pregunta incómoda: ¿a quién sirve realmente esta inversión?
El dinero público debería estar al servicio de la mejora del bienestar colectivo. En La Robla, sin embargo, se diluye en fuegos artificiales mientras la economía local agoniza. Esta semana hemos conocido el deleznable dato del que somos récord nacional (somos los primeros en la pérdida de autónomos), si fontaneros, electricistas, informáticos, albañiles, carpinteros, decoradores, etc... A esto se le llama morir lentamente, poco a poco, y sucede en silencio, sin escenario, sin luces, sin aplausos. Algunos llaman a estos ediles "grandes gestores"... cuando escuchamos la frase somos conscientes de la poca vergüeza que tiene la ignorancia y de como se aprovechan de ello algunos que hacen del oportunismo su forma de vida.


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