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Los tres filtros de Sócrates contra los paisanos que en los bares hacen correr mentiras

Sin que sirva de precedente hoy dedicaremos unas líneas a todos esos cotidianos de las barras de los bares que se ocupan, mientras aparentan hojear el periódico, a poner en marcha ventiladores para escampar toda la mierda que pueden. Son uno de nuestros cánceres que laboran en la destrucción de todo lo bueno que podemos ofrecer y no damos mientras procuran impedir que los demás construyan. Pasean como si tal cosa a nuestro alrededor como almas cándidas y bondadosa, pero no, no se equivoquen. Son lo peor de lo peor. Para no perder coma contaremos una historia tan antigua como válida para nuestros días.

Opinion 06 de febrero de 2024 RML
GENTE EN LA BARRA DEL BAR
EN LA BARRA DEL BAR - Foto de Pavel Danilyuk

Sepamos en qué consisten los tres filtros de Sócrates

Cuenta la historia que, en una ocasión, uno de los discípulos de Sócrates llegó en gran estado de agitación. Le dijo al filósofo que se había encontrado con uno de sus amigos y que este había hablado mal de él con gran malevolencia.

 

Al escuchar esto, Sócrates le pidió que se calmara. Después de pensarlo un momento, le pidió que esperara un minuto y le manifestó que antes de escuchar lo que tenía para contarle, el mensaje debía pasar por tres filtros. Si no los superaba, no sería digno de atención.

 

Primer filtro: la verdad

Como era costumbre en las lecciones de Sócrates, el sabio griego le formuló una pregunta a su ansioso discípulo. Dicho interrogante era: «¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es verdad?» El discípulo pensó un momento.

 

En realidad, no podía estar seguro de si lo que había escuchado era verdad. Todo era cuestión de perspectivas. «Entonces, no sabes si todo es cierto o no», dijo el filósofo. El discípulo tuvo que admitir que no.

Segundo filtro: la bondad

Luego, el gran maestro griego formuló una segunda pregunta: «¿Lo que vas a decirme es bueno o no?» El discípulo contestó que, por supuesto, no era nada bueno. Lo que tenía que contarle eran palabras que, a su juicio, le causarían malestar y aflicción.

 

Entonces, Sócrates señaló: «Vas a decirme algo malo, pero no estás totalmente seguro de que sea cierto». El discípulo admitió que así era.

 

Tercer filtro: la utilidad

Para terminar, Sócrates debía plantear un tercer interrogante y así lo hizo. Dijo: «¿Me va a servir de algo lo que tienes que decirme?» El discípulo dudó. En realidad, no sabía si esa información le sería de utilidad o no. Quizás solo lo distanciaría de ese amigo, pero, teniendo en cuenta que no se sabía si era verdad o no, tal vez divulgarlo no resultaba útil.

 

La verdad, la bondad y la utilidad

Al final, el filósofo se negó a escuchar lo que su discípulo quería decirle. «Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no es útil, ¿para qué querría saberlo?», mencionó para concluir.

 

La verdad, la bondad y la utilidad son los tres filtros de Sócrates. A juicio del sabio, estas son las preguntas que toda persona se debe formular antes de decir algo en la idea de evitar convertirnos en una de esas personas tóxicas que no saben muy bien que hacer con sus vidas y las dedican a emponzoñar las de los demás. Un poquito de esos “perros de hortelano” que disfrutan viendo como los demás caen mientras ellos viven eternamente en el barro. Un mucho de esta gente fácil de encontrar en nuestras calles incapaces de sumar nada a su entorno mientras restan todo lo que pueden en esta caída libre en la que nuestra  provincia y su pueblos viven.

Aunque Sócrates vivió hace más de dos milenios, sus Tres Filtros siguen siendo relevantes en la era de la información. En un mundo dominado por las redes sociales y las noticias instantáneas, la necesidad de evaluar la verdad, la bondad y la relevancia de la información es más urgente que nunca. La capacidad de filtrar la avalancha de datos a través de estos principios puede conducir a una comprensión más profunda y a decisiones más informadas.

En la lucha contra la desinformación, los Tres Filtros de Sócrates ofrecen una metodología efectiva para contrarrestar la difusión irresponsable de bulos. Aquellos que se enfrentan a la tentación de compartir información sin verificar pueden beneficiarse al adoptar un enfoque más crítico y ético. La aplicación de estos filtros no solo protege al individuo de caer en trampas de desinformación, sino que también contribuye a la creación de un entorno digital más saludable y consciente.

En la era digital, donde la desinformación y el malmeter pueden propagarse como un incendio descontrolado, los Tres Filtros de Sócrates emergen como un antídoto esencial para contrarrestar la maldad en línea. Estos filtros no solo ofrecen una guía para discernir la verdad, sino que también se convierten en un escudo ético contra aquellos que buscan sembrar discordia y manipular a través de la desinformación.

La maldad digital a menudo se manifiesta en la difusión de información perjudicial y destructiva. El segundo filtro de Sócrates nos insta a considerar la bondad y la utilidad de la información antes de compartirla. ¿Contribuye al bienestar y a la comprensión mutua, o solo alimenta el resentimiento y la hostilidad? Este filtro se convierte en una barrera ética contra la propagación de contenidos diseñados para dañar y dividir.

Aquellos dedicados al malmeter suelen carecer de la ponderación necesaria antes de difundir información incendiaria. El tercer filtro de Sócrates resalta la importancia de la relevancia y la necesidad en la comunicación. Al cuestionar la pertinencia de compartir cierta información, podemos desalentar la propagación irresponsable de contenidos maliciosos y contribuir a un entorno digital más constructivo.

 

En el animado ambiente de los bares, donde las conversaciones fluyen tan libremente como las bebidas, los Tres Filtros de Sócrates se presentan como un recurso crucial para filtrar la veracidad de las historias que circulan. En un escenario donde las anécdotas exageradas y las falsedades pueden tejerse con facilidad, estos filtros no solo ofrecen discernimiento, sino que también fomentan una cultura de conversación más informada.

En las barras de los bares, las historias a menudo adquieren proporciones épicas, y las falsedades pueden convertirse en parte integral de las narrativas compartidas. El primer filtro de Sócrates se convierte así en un faro para separar la realidad de la ficción. Cuestionar la veracidad de las anécdotas antes de aceptarlas como hechos contribuye a evitar la propagación de mentiras inadvertidas.

La calidad moral de las historias compartidas en los bares a menudo es pasada por alto en medio de risas y camaradería. Sin embargo, el segundo filtro de Sócrates nos insta a considerar la bondad y utilidad de estas narrativas. ¿Contribuyen a un ambiente positivo y enriquecedor, o fomentan la desconfianza y la discordia? Al evaluar la moralidad de las historias, podemos fomentar una cultura de conversación que promueva el respeto y la camaradería.

La efusividad característica de las conversaciones de bar puede llevar a compartir historias sin un análisis adecuado de su relevancia. El tercer filtro de Sócrates destaca la importancia de la necesidad y la pertinencia en la comunicación. ¿Es realmente necesario compartir esa historia en ese momento? La aplicación de este filtro puede ayudar a evitar la propagación innecesaria de información errónea.

En el contexto de las conversaciones en bares, los Tres Filtros de Sócrates actúan como una herramienta esencial para fomentar la veracidad y la integridad en las historias compartidas. Aquellos que disfrutan de contar anécdotas tienen la responsabilidad de filtrar sus relatos a través de estos criterios, contribuyendo así a un ambiente más confiable y enriquecedor.

Ya sabemos algo más sobre estos perfiles humanos. La cuestión reside en lo que podemos hacer cada uno de nosotros para no caer en este tipo de actitudes que… no se engañen, nos perjudican a todos independientemente del lado de la acción en el que nos encontremos.

Solo resta desear que la lucidez nos ilumine para no caer en estos modelos y nos ayude también a identificar y alejarnos de quién cerca de nosotros los cometiera.

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