
Pues eso. Como si fuera novedoso que el PP, con tal de encaramarse al poder en comunidades autónomas o ayuntamientos, asuma sin ningún rubor los postulados ultras de la extrema derecha patria. Precisamente fue en esta comunidad, Castilla y León, donde el PP de Alfonso Fernández Mañueco sentó, ha hecho ahora cuatro años, el primer precedente. Y, previa cesión a los de Abascal de la presidencia de las Cortes, suscribió un sonrojante pacto de legislatura que, además de una vicepresidencia única y tres consejerías de la Junta, con el que Mañueco hacía suyas las prioridades políticas de la ultraderecha.
Saltó por los aires el Dialogo Social -considerado hasta entonces por el PP como una “seña de identidad”-, se declaró la guerra los sindicatos y a la propia patronal, se presentó un infame Proyecto de Ley de “Concordia” destinado a cancelar el Decreto sobre Memoria Histórica, se metió en un cajón el que debía actualizar la Ley sobre Violencia de Género con intención de sustituirlo por el de “Violencia Intrafamiliar”, etc. etc. Y, por supuesto, figuraba, el compromiso de promover “una inmigración ordenada” desde “la integración cultural, económica y social”.
En la práctica, el sesgo ultra del gobierno PP-Vox fue incluso más lejos de lo firmado, con un vicepresidente desaforado, Juan García-Gallardo, al que “Fonsi” Fernández Mañueco fue incapaz de llamar al orden. Por ejemplo, desde las consejerías de Vox se declaró la guerra abierta a la Agenda 2030 y al cambio climático, sin que el PP no dijera ni palabra. Y entre esos desafueros llegó a figurar el de someter a las embarazadas a escuchar el “latido fetal”, una iniciativa que llegó a aparecer en la web de la Junta y sobre la que el PP terminó recogiendo velas, sin duda consciente de su manifiesta ilegalidad.
La “prioridad nacional”.- Cuatro años después, el pacto alcanzado en Extremadura -vaya papelón, Guardiola, no has podido caer más bajo- demuestra negro sobre blanco hasta qué punto Vox sigue doblegando ideológica y programáticamente al PP. ¡Como será lo del principio de “prioridad nacional” anunciada para discriminar a la población inmigrante que hasta trumpiana Isabel Díaz Ayuso se ha desmarcado de ese invento! Como lo ha hecho, de forma más discreta, Moreno Bonilla, a quien el pacto extremeño le ha complicado la campaña electoral (al contrario que el de Mañueco, el gobierno andaluz se ha escaqueado de la consigna emitida desde la calle Génova de recurrir el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes).
















