#MARAGATO B. NEWS - EP 15

Opinion27 de julio de 2026RMLRML
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#MARAGATO B. NEWS - EPISODIO 15

Las andanzas de Maragato B.: el manual ilustrado para no avanzar ni a tiros

Por Maragato B.

Si hay algo que nos gusta por estas tierras leonesas tanto como un buen cocido o criticar al vecino cuando se da la vuelta, es mirarnos al ombligo mientras nos convencemos de que tenemos el secreto del éxito mundial. Servidor, con su chaleco, sus ropajes tradicionales y esa medalla al cuello que abriga más que un buen trago de orujo, se ha dedicado este 27 de julio a recorrer la provincia para comprobar hasta qué punto rozamos la excelencia. Y oigan, qué espectáculo.

Empezamos la jornada en la cima del discurso institucional. Un trajeado micrófono en mano nos sermonea desde su atril con la retórica de siempre: "turismo verde", "naturaleza", "biosfera", "sostenibilidad" y, la joya de la corona, "coordinación". Nos pide creérnoslo "de verdad" para ser un referente. Sin embargo, detrás del decorado la realidad trepa por la montaña con la finura de siempre: políticos y colectivos pegándose tiros en el pie, tropezando con sus propias cuerdas y corriendo cada uno hacia un lado diferente. La piedra angular de todo este despliegue de coordinación profesional acaba como era de esperar: una lápida que sentencia que los resultados son pocos o ninguno.

Bajamos al cauce del río en El Soto, cerca de Boñar, a bordo de dos contenedores de basura a modo de barcas. Allí donde antes reinaba el ocio deportivo y familiar, ahora lo que fluye con generosidad es el botellón y el desmadre arrastrado por la corriente. Un cambio de modelo turístico de primer nivel, no cabe duda. En Villamanín, la cosa no se queda atrás: la comisión de fiestas tienta a la suerte vendiendo papeletas para la lotería de Navidad a precios de oro aprovechando el tirón del lío que montaron en el último sorteo, mientras el personal observa el cartel de venta de participaciones como quien espera la llegada del maná con esta nueva Doña Manolita.

En el Centro de Visitantes de Picos de Europa, el panorama rozaba lo místico. Un buen paisano me mostraba un cuaderno con garabatos incomprensibles bajo la promesa de un plan de desarrollo rural sostenible. Pretendían vendernos la moto de que no hacía falta más infraestructura, que con lo que teníamos sobraba. Claro que sí: para qué asfaltar o señalizar si perderse en la montaña fortalece el carácter.

Poco después, subido en un todoterreno verde, al borde de un precipicio de la carretera a los pueblos de la montaña, comprobé el estado de la red viaria. En la señal de tráfico se leía con total rigor la advertencia: atención a los desprendimientos y a las carreteras sin mantenimiento. Un trayecto donde la verdadera atracción turística es salir con vida.

La odisea continuó al intentar coger el AVE a León. "El verdadero viaje empieza antes de subir al tren", rezaba el lema. Aquello parecía una carrera de obstáculos medieval: maletas por los suelos, caminos de tierra, andamios y socavones. Para llegar a la vía había que pedir paso entre escombros mientras el tren de alta velocidad pasaba de largo al fondo. Entre tanto, lo de Madrid al Cielo, seguía rezando en la publicidad.

En La Camperona, con el eclipse sobre nuestras cabezas, las retenciones de tráfico alcanzaban proporciones bíblicas bajo una espesa nube de humo e incendios. Como bien apunté a mi paso, la falta de previsión institucional amenazaba con dejarnos a oscuras a todos antes de que la Luna se moleste en tapar el Sol.

Para aliviar las penas me subí a un Vespino rojo en La Bañeza. Porque cuando el motor falla, la pasión sobre dos ruedas de este clásico ciclomotor nos rescata. Allí la gente celebraba la exposición con verdadera devoción popular. Mientras tanto, en Cistierna, los políticos locales debatían amigablemente sentados a la mesa sobre un plan contra incendios que ni era plan, ni era nada, con los montes amenzando fuego literalmente a sus espaldas.

Terminé el periplo intentando recorrer el Camino de Santiago. Tropecé con la basura desbordada en un contenedor verde etiquetado con la "Eco-tasa" y acabé al pie del aparcamiento subterráneo en la capital leonesa, rodeado de vallas de obra, escombros y señales de peligro. ¿El resultado final? "¡Volver a empezar!".

Así que ya lo saben, paisanos. No hace falta que vengan a enseñarnos cómo gestionar lo nuestro; aquí ya tenemos el sistema perfectamente engrasado para que todo cambie sin que cambie absolutamente nada.

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