
Abel Díez, orgullo de Boñar y leyenda del Sporting, fallece a los 72 años

Nacido en este enclave montañés leonés, Abel llevó siempre con orgullo sus raíces boñarenses, que marcaron su carácter firme, su humildad y su entrega dentro y fuera del terreno de juego.
Desde pequeño, Abel mamó el amor por el balón en los campos de su comarca. Formado en el Júpiter Leonés, su talento pronto le llevó a equipos como la Cultural Leonesa y el Real Avilés, antes de dar el gran salto en 1976 al Sporting de Gijón. Allí comenzó una etapa de oro que le convirtió en uno de los grandes referentes de la historia del club asturiano.
Durante ocho temporadas en El Molinón, Abel Díez se consolidó como un delantero tenaz, efectivo y querido por la afición. Disputó 277 partidos oficiales con la camiseta rojiblanca y anotó 82 goles, convirtiéndose en el máximo goleador del club en la historia de la Copa del Rey, un récord que aún permanece imbatido. Fue protagonista del ascenso a Primera División en 1977, del subcampeonato de Liga en 1979 y de las dos finales coperas disputadas por el Sporting en 1981 y 1982. También fue parte del equipo que llevó al club a competir en Europa, donde vivió noches inolvidables como la victoria frente al Torino en la Copa de la UEFA.
Pero más allá de sus estadísticas, Abel era el símbolo de un fútbol noble, el de pueblo, el que surge de la pasión y el trabajo. Siempre orgulloso de sus orígenes, nunca renegó de Boñar, su casa, su raíz. Allí regresaba siempre que podía, y allí seguía siendo “Abel el de Boñar”, más que una estrella del fútbol, un vecino querido.
Tras su paso por el Sporting, continuó su carrera en el Hércules, el Real Avilés y el San Martín, donde colgó las botas en 1988. Pero su legado más importante no fue sólo deportivo: fue humano. En cada club dejó huella por su compañerismo y sencillez, virtudes nacidas en los valles y calles de su León natal.
El Sporting de Gijón ha comunicado con profundo pesar la noticia de su fallecimiento este martes, 15 de abril, recordando su contribución única al club. Pero más allá de las cifras y los homenajes oficiales, hoy Boñar llora a uno de los suyos, a un hombre que llevó el nombre del pueblo por toda España y lo hizo con dignidad, talento y corazón.
Abel Díez no fue solo un gran futbolista. Fue un embajador de su tierra, un referente para generaciones de jóvenes que soñaban con triunfar sin olvidar de dónde venían. Hoy, Boñar despide a su hijo ilustre. Y el fútbol, a un caballero del gol.
Descanse en paz.


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