
El divorcio rara vez llega de golpe: suele ser el final visible de una distancia que se fue instalando en silencio. Entre papeles, llaves y alianzas sobre la mesa, se decide algo más que una ruptura legal: se rompe una vida en común y se abre un proceso emocional complejo, con consecuencias que alcanzan a la familia, la economía y la propia identidad.














