

Aquí me tenéis otra vez, servidor de ustedes, Maragato B, intentando poner un poco de cordura entre tanta polvareda y tanto despropósito institucional en esta nuestra provincia leonesa. El episodio 19 de Maragato B. News viene cargadito y no precisamente de buenas noticias, sino de ese sainete cotidiano que nos toca tragar día sí y día también. A algunos dicen que les aburre mientras lanzan todo tipo de insultos y amenazas. La verdad es que les molesta y mucho porque se sienten plenamente identificados con los hechos que la cruda realidad trae a la palestra. Sacan la mala educación y el matonismo a pasear con el desparpajo y la chulería de los delincuentes de otras épocas que también lo son de estas. Se sienten seguros dada la acumulación de cobardes por metro cuadrado que tienen a su alrededor. Ni con jabón lagarto se limpia tanta mierda acumulada. Yo, como soy de madera, por ellos ni siento ni padezco, solo ardo de pu.. pena.
Para empezar, mientras el país se cae a pedazos entre tormentas, servicios bajo mínimos, emergencias por incendios, invasiones e inundaciones, el presidente se apalanca en la tumbona de vacaciones con un cóctel. Claro, viendo el ejemplo de arriba, ¿Cómo no van a estar algunos ediles en un estado de fiesta permanente? Con el sombrero de paja y el abanico en la mano, gobernando bajo el lema de "agenda: no molestar". De ahí, que los más sinvergüenzas (que los hay) se dediquen en exclusiva a programar actividades lúdicas y espectáculos de salón de manera compulsiva y desenfrenada con la única intención de llenar el negocio de su recurrente amigo especial, que lo es porque abona religiosamente la correspondiente comisión y porcentaje del beneficio en caja a algún testaferro o familiar lejano intentando disimular con muy poco éxito. De paso, continúan engañando a la galería con mucho ruido y más guateque para dar la impresión que algo hacen. Y vaya que lo hacen. La cruda realidad es que tienen sus pueblos hechos unos zorros. Son como aquellos poblados del oeste de Almería en los que había tanta trampa como cartón y todo era al final, una película del oeste. Los mejores, por calificarlos de alguna manera, van a ser cuatro de ellos que viven en estado catatónico. No hacen y por lo menos, no estorban. Es que no vamos bien y no me cansaré de recordarlo.
Por Cistierna hemos visto el homenaje a la mujer rural sacando la bata a la calle, ¿me lo parece a mi o es un micro machismo?. Debo estar como siempre, muy equivocado. Mientras, en otros términos municipales nos debatimos en un dilema ancestral: hay cada vez más madreñas hechas en el pueblo, pero menos burros para calzárselas. Cuando menos, a estos últimos, a los de verdad, parecen haberlos dejado de momento en paz. Algo es algo. Lo fácil por aquí, es mirar para otro lado antes que admitir lo evidente. Y si no, que se lo pregunten a los del Torío, que dicen no estar para bromas con las multas, cuando menos, las planteadas sobre la obligación de limpieza de fincas y el control del matorral, todo bajo la atenta mirada de no se sabe bien quien. Es que no lo veo ni bien ni mal. Simplemente no lo veo. Cosas que creo resuelven solo los oculistas.
Tampoco faltan los sucesos a tiros de la fauna autóctona (y la no tan autóctona). En Santa Lucía, sin ir más lejos. Tampoco el peliculón sobre el eclipse, que presuntamente se ha proyectado como un "gran escaparate del territorio". De momento solo se percibe una extraña sensación de mirar a un escaparate vacío. Palabras sin hechos y sobre todo sin repercusión real en positivo para la zona. Claro está, para los abrazafarolas de siempre, solo cabe contar cuatro fantasías literarias que repiten sobre las maravillas, las excelencias y la supuesta profesionalidad del entorno que por contra, si se producen, solo lo hacen en su amable imaginación.
Por si fuera poco, sufrimos los incendios y las olas de calor mientras cuatro iluminados siguen negando el cambio climático apoyados en la barra de un bar. Mientras tanto, por ejemplo, en San Andrés del Rabanedo pagan todos las imprudencias de unos pocos gamberros pirómanos ocasionales. Por otro lado, en unos cuantos despachos de las administraciones locales hay quienes se asoman para decir que no cobran un euro, mientras, facturan por detrás en negro y sin expediente que da gusto. Para rematar la faena, León tarda nada menos que 26 años en implantar la recogida selectiva de residuos orgánicos. Les parece una modernidad cuando en Alemania llevan 26 años haciéndolo. Es el siglo XXI, nos dijeron sin matizar si sería al principio, a la mitad, o al final.
En fin paisanos, la realidad es la que es, y a mí solo me queda contárosla con la ironía de siempre para no ponerme a llorar.


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