
Un estudio de la ULE detalla cómo prevenir las principales parasitosis transmitidas por alimentos

La Universidad de León desarrolla una línea de investigación centrada en las infecciones parasitarias que pueden transmitirse por alimentos y en las prácticas cotidianas que permiten evitarlas. El estudio, dirigido por el profesor de Parasitología Raúl Pérez Caballero, parte de una idea clara: el problema no reside en incorporar pescado, carne o verduras a la dieta, sino en cómo se manipulan, conservan y cocinan antes de llegar al plato.
El trabajo revisa parasitosis frecuentes y explica su mecanismo de transmisión. Entre ellas se encuentra la anisakidosis, vinculada al consumo de pescado crudo o poco cocinado. La presencia de anisakis en un ejemplar no implica riesgo por sí sola, pero la infección aparece si el parásito continúa vivo y el alimento se ingiere sin un tratamiento térmico suficiente. En ese escenario pueden presentarse síntomas digestivos como dolor abdominal, náuseas o vómitos, además de reacciones alérgicas en determinadas personas. La prevención se basa en dos medidas: congelación previa cuando se vaya a consumir crudo y cocinado completo si se prepara al fuego. En el ámbito doméstico, el estudio recoge como referencia la congelación a menos 20 grados durante varios días.
Otro bloque se dedica a la triquinelosis, relacionada con carne poco hecha, especialmente de cerdo y de caza como el jabalí. La infección puede provocar desde molestias digestivas hasta fiebre y dolores musculares, y en situaciones graves afectar al corazón y al sistema nervioso. La investigación subraya la necesidad de cocinar bien la carne y evitar el consumo de productos sin control veterinario, como embutidos caseros o carne de caza no analizada, ya que el aspecto externo no permite detectar el parásito.
El estudio también aborda las infecciones por tenias asociadas a carne de cerdo o vacuno insuficientemente cocinada. Aunque los síntomas suelen ser leves, se advierte del riesgo de complicaciones como la cisticercosis en caso de ingestión accidental de huevos del parásito, un supuesto ligado a fallos de higiene durante la manipulación de alimentos.
La toxoplasmosis ocupa el último apartado, por su vínculo con carne cruda o poco hecha y con frutas o verduras mal lavadas. En la mayoría de personas cursa sin síntomas relevantes, pero puede tener consecuencias graves en embarazadas o en pacientes inmunodeprimidos. La investigación insiste en pautas concretas de prevención: cocinar la carne por encima de 70 grados durante al menos dos minutos, lavar con cuidado los vegetales y limpiar utensilios y superficies tras manipular alimentos crudos.


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